martes, 24 de agosto de 2010

LA CONVERSIÓN DEL SUJETO




El plano de la psicoterapia ha adquirido gran importancia en las últimas décadas, esto debido en gran parte a que la visión de locura y anormalidad han cedido paso de alguna forma a nociones posmodernas de salud mental y bienestar psicológico que han permitido una percepción y disposición distinta de quien consulta, frente a lo que implica un ejercicio de psicoterapia. No se puede asegurar, sin embargo, que los imaginarios construidos desde modelos médicos hayan desaparecido súbitamente y el reto en tanto paradigma “sistémico” haya sido superado. No obstante, el asunto de cómo se concibe ese escenario, implica, co-responsabilidad dada la condición relacional y hermenéutica de creación de significados. Partiendo de lo anterior, quisiera proponer una visión sobre cómo los modelos para explicar lo humano implícitos en la psicoterapia, permiten la generación ó destrucción de la vida misma.

CONVERTIDO EN INSECTO

Entendiendo que nuestra sociedad globalizada nos invita a la complejidad y las explicaciones distantes de nociones causales, cercanas a bucles que retrotraen causalidades que marcan la pauta no para explicar sino comprender; sustento en el presente ensayo cómo es lo sistémico en relación con otros modelos explicativos y no su alcance individual, lo que nos permite ser generativos en las posibilidades de sentido que emergen en la psicoterapia.

Hoy en día es necesario pensar en la transición del simple acto comunicativo, como función simbólica que construía el pensamiento a repensar cómo hemos concedido al lenguaje esa condición ontológica del individuo. Para entender el fenómeno, vale la pena revisar qué paradigmas han sido descartados y complejizados en torno al carácter comprensivo que se requiere para abordar la experiencia humana.

Las metáforas habituales de investigación devenían causales bajo nociones científicas que implicaban la ruptura del observador con el fenómeno observados en tanto debían conservarse y evidenciarse los principios inherentes a toda realidad que explicaran acertadamente, sin margen de error, lo humano. La modernidad implicó posicionamiento ante el acto de conocer, de las posibilidades de predicción y control; en ese sentido los discursos que se referían a lo humano versaban sobre el control, regulación y si se quiere, alienación para responder a ciertos ánimos unificadores por parte de las instituciones dominantes. Y sin ánimo de polemizar, esto responde básicamente a que cada época viabilizó la construcción de modelos explicativos en relación a los alcances del contexto, de las nociones de libertad y autonomía que desde lo socio-cultural se tenían del sujeto.

Lo estructural situó su discurso sobre los parámetros biologicistas que implicaban regularidad, normalidad desde la herencia filogenética. Importante aquí los principios de determinación, costumbre, universalidad, regulación que de entrada negaban el papel de la experiencia y confiriendo a los roles el quehacer humano en tanto normalidad-anormalidad; lo que existía por fuera de esto, era necesario ajustarlo y no existía más que el discurso excluyente para propiciar reflexiones sobre eso que no podía reprimirse, contenerse y educarse. Si bien esta visión tenía alcances frente a una herencia biológica innegable, la generatividad presupondría la adecuación del individuo a una realidad (preexistente), independiente de su capacidad de elección, pues el modelo no contempla miradas alternas, sino desde el “deber ser” no en un sentido kantiano, sino se acuña el término a lo inexpugnable e inconmensurable con las posibilidades que podría tener el individuo. En palabras de Bruner (1990), la herencia biológica del hombre no dirige ó moldea la acción o la experiencia del hombre, porque no actúa como causa universal. En lugar de ello, lo que hace es imponer límites sobre la acción, límites cuyos efectos son modificables; la cultura y no la biología, es entonces, la que confiere significado a la acción situando sus estados intencionales subyacentes en un sistema interpretativo (Bruner, 1990, p. 48).

Este acercamiento, deja entrever, los alcances del modelo, es por esta razón que la psiquiatría por ejemplo, tendría tantas críticas desde Foucault (2000), debido a los parámetros normalizadores desde las instituciones de poder que restringían las posibilidades de emergencia de un sujeto autónomo constructor de realidades. Se concebía un individuo incapaz de asimilarse, por fuera de la regularidad, asumiendo como propia la tarea de defender a la sociedad de estos seres que, con su sola existencia, la amenazaban. Es así como el desde su experticia, era el juez que debía pronunciarse acerca de la peligrosidad de un determinado sujeto, es decir, debía ser capaz de prever su comportamiento futuro. Dónde está entonces la posibilidad de la vida? Bajo esta mirada, la posibilidad es única, la del sujeto que se adhiere.


MIRANDO LA PROPIA HUMANIDAD. TRASCIENDE EL INSECTO.

Fue menester entonces, ampliar el marco de referencia y atender al modelo contextual. Bajo esta óptica impera el pensamiento de que no es la universalidad la que determina el conocimiento, sino la particularidad. La confusión innombrable del modelo precedente, adquiere acá nuevas posibilidades discursivas donde el individuo puede construirla y resolverla. La confianza no está puesta en el agente normalizador, sino en los significados que en relación con el contexto pueden construirse. Watzlawick (1992) afirma sobre este aspecto que existen relaciones perturbadas, pero no individuos perturbados, o dicho más exactamente, que los trastornos del comportamiento son una función de las relaciones humanas, pero no de psiques enfermas (Watzlawick, 1992, p. 18). El paradigma contextual abre el campo en dos sentidos: Da paso a la asunción del paradigma sistémico e implica nociones de generatividad sobre la vida de los seres humanos, vinculando nuevas formas de interpretar la realidad, el significado variará entonces, en función del contexto.

La noción de incertidumbre, nos sitúa en un mundo sin regularidades, de múltiples significados y si se quiere, implica una nueva angustia. Antes era, la angustia por la falta de control en lo que como humanos podíamos hacer de nuestras vidas, el desplazamiento ahora de esa angustia, recae sobre las realidades posibles que de nuestra vida se pueden construir. Desde allí se sitúa el modelo sistémico que, implica retomar el modelo contextual desde una nueva noción que retrotrae la premisa: Sistema que estructura el contexto ó contexto estructural. Gregoy Bateson (citado por Watzlawick, 1992);

CONCLUSIÓN

El recorrido por los modelos explicativos del fenómeno humano nos permite dilucidar cómo nos acercamos a la posibilidad de generar vida en el contexto terapéutico. Sin recurrir a la idea mesiánica de “salvadores” es un llamado que se hace desde los intersticios de los paradigmas en los cuales nos vemos confrontados con la ética en el ejercicio de la profesión y de igual manera a una ética y cuidado de sí y en esa medida del otro. El hecho de considerar el paradigma sistémico como una posibilidad generativa frente a la vida del individuo, no significa que su noción de complejidad limite su evolución dentro del modelo, incluso se invita a la superación del mismo a partir de consideraciones sobre sus limitaciones, las implicaciones y las recomendaciones a las que tenga lugar de aquí en adelante.

Los actores sociales que emergemos en el plano psicoterapéutico estamos en actualización, permeados por los discursos socio-políticos de nuestra época particular, en esa medida el modelo explicativo frente a nuestra existencia debe constituirse como una posibilidad de sentido en términos de construcción que nos acerque a modos de vida que garanticen nuestro bienestar, independiente de los constructos sociales que lo enmarquen, sino un bien-estar consigo mismos que nos posicione como escultores de nuestra obra de arte que es la propia vida.

BIBLIOGRAFÍA


Bruner, J. (1990). Actos de Significado: Más allá de la Revolución Cognitiva. Madrid.: Alianza Editorial.

Foucault, M. (1999). Los Anormales. Buenos Aires.: Fondo de Cultura Económica.

Watzlawick, P. (1992). La coleta del Barón de Münchhausen: Psicoterapia y Realidad. Barcelona.: Herder.