Resumen
El presente artículo se propone reflexionar
sobre el modo en que la psicología puede brindar posibilidades desde la
investigación e intervención en la generación o destrucción de la vida. Las
ideas surgen a partir del modo como la disciplina se ha posicionado y las
distintas escuelas de pensamiento en sus lenguajes particulares permiten la
emergencia de nuevos individuos capaces de generar novedades adaptativas para
construir realidades generadoras de bienestar y autonomía. ¿Qué es lo que
comprende hoy la psicología como objeto de estudio, más allá de la teleología
de la intervención? ¿Cómo es que el psicólogo se posiciona no sólo desde una techné particular sino desde una disposición
como humano para intervenir y co-construir el cambio? ¿Qué papel desempeña la
heurística y el razonamiento abductivo en estos nuevos modos de concebir lo
humano y posicionarse desde el saber profesional? Estos son algunos de los
cuestionamientos que suscita el artículo al concebirnos desde el paradigma de
la complejidad y los discursos actuales que se tejen en la inter y
transdisciplinariedad.
Palabras clave: Complejidad, ecología,
abducción, construccionismo.
Summary
This article aims to give some
elements to reflect on how psychology can provide opportunities from research
and intervention in the creation or destruction of life. Ideas come from the
way the discipline has positioned and how the different schools of thought in
their particular languages allow the emergence of new individuals capable of
generating adaptive to build new generating realities of welfare and autonomy.
What is it that today includes psychology as an object of study, beyond the
teleology of the intervention? How is it that the psychologist is positioned
not only from a particular techne but from a provision as a human to intervene
and co-construct the change? What is the role of heuristics and abductive
reasoning in these new ways of understanding the human and the position from
the professional knowledge? These are some of the questions raised by the
article to conceive from the paradigm of the complexity and present speeches
that are woven into the inter-and transdisciplinarity.
Keywords: Complexity, ecology,
abduction, constructionism.
Introducción
La fundación de la psicología como disciplina,
ha transitado por los modos particulares de concebir al individuo ordenado en
lógicas contextuales, devenires políticos, sociales, económicos, artísticos,
religiosos; que de una u otra manera han generado la transmutación del
individuo y cada día la desventaja de las lógicas conceptuales que se supone
permitían comprender e intervenir al objeto de estudio. Ha sido claro cómo las
rupturas paradigmáticas han renovado nuestra ciencia, pero cómo también el
ejercicio profesional de la psicología sigue siendo inestable y continúa
reticente desde algunos enfoques a abordar lo que las palabras no alcanzan a
explicar, parece que de alguna manera se realizara una escisión entre el saber
teórico y nuestra condición pues casi que es el discurso conceptual el que
impone los límites de lo que los fenómenos humanos pueden hablarnos, quizá
sería válido preguntarse ¿Cómo lograr
ser humanos con y a pesar de la psicología?. El interés irreverente de la
pregunta sin duda pone a la ciencia psicológica en un cuestionamiento fundamental
sobre sus posibilidades de generar o destruir la vida, más específicamente, al
hombre. El mundo en el que nos desenvolvemos invita a que estas reflexiones
sean menesteres de quehacer profesional, hay un gran número de profesiones que
pretenden dar solución a un amplio espectro de fenómenos en los cuales el
hombre actúa como punto de partida y encuentro de los mismos, de allí que la
presente reflexión se sitúe en la pregunta de ¿Cómo la psicología puede
construir posibilidades ó destruir la vida humana?, lo anterior conectando de
nuevo la idea de los alcances explicativos de nuestras teorías que bien podrían
ser sólo referentes que jamás lograrán tener todo el territorio de lo humano.
Los
modelos explicativos en la constitución de lo humano
Los modelos explicativos construidos desde
distintas bases epistemológicas, se han encontrado con el obstáculo de devenir
generales posicionando un saber ante ciertas realidades construidas y vividas
por el hombre, Shotter (2001) manifiesta al respecto:
El obstáculo de los enfoques “científico –
naturales” reside en que al afirmar que ofrecen teorías generales, pretenden
antes de tiempo ser capaces de hablar correctamente en las discusiones en
nombre de todos aquellos a los que estudian. Pero al hacerlo, los silencian.
Les niegan la voz, la oportunidad de hablar sobre la naturaleza de sus propias
circunstancias singulares. Les niegan la ciudadanía en su sociedad. Para que
eso cambie, lo que se necesita, según parece, es dar forma a algo que en la
actualidad no existe: una nueva sociedad
civil, toda una “ecología social” de regiones y momentos interdependientes
de la vida social, en cuyo seno quienes realmente están implicados, puedan
explorar, analizar y debatir caminos posibles
que conduzcan hacia el futuro (Shotter, 2001, pp 31).
Este tipo de ciudadanía del cual nos habla al
autor daría cuenta en un primer momento de la voz silenciada del individuo,
objeto de estudio de la psicología, y saberes correspondientes a fines
contextuales en cada periodo histórico, así si bien los modelos muestran
evoluciones paradigmáticas que han abierto el camino a nuevas posibilidades
discursivas, no se sabe hasta que punto se establecen diálogos colaborativos
para comprender e intervenir ante los dilemas humanos. Como autores
esclarecemos teorías psicológicas que nos permiten explicar y reducir los
fenómenos a los alcances explicativos de nuestros lenguajes, el tema es que no
necesariamente lo humano ha estado como coautor en dichas invenciones o no por
lo menos hemos dejado que ese asunto de lo sensible, se revele en los
intersticios de la técnica.
El horizonte disciplinar no limita las
emergencias y novedades que pueda ir adquiriendo en conversaciones recursivas
con otros saberes donde su trascendencia estará dada por la capacidad de
posicionarse generativo ante el ser humano, de tal suerte que cada paradigma es
sólo un modo metafórico para conocer
y co-construir con el objeto de estudio. Al realizar la lectura histórica se
observa cómo las teorías habituales de investigación
devenían causales bajo nociones científicas que implicaban la ruptura del
observador con el fenómeno en tanto debían conservarse y evidenciarse los
principios inherentes a toda realidad que explicaran acertadamente, sin margen
de error, lo humano. La modernidad implicó posicionamiento ante el acto de
conocer, de las posibilidades de predicción y control; en ese sentido los
discursos que se referían a lo humano versaban sobre el control, regulación y
si se quiere, alienación para responder a ciertos ánimos unificadores por parte
de las instituciones dominantes. Lo anterior respondiendo básicamente a que
cada época viabilizó la construcción de modelos explicativos en relación a los
alcances del contexto, de las nociones de libertad y autonomía que desde lo
socio-cultural se tenían del sujeto.
Lo
estructural situó su discurso sobre los parámetros biologicistas que implicaban
regularidad, normalidad desde la herencia filogenética. Importante aquí los
principios de determinación, costumbre, universalidad, regulación que de
entrada negaban el papel de la experiencia y confiriendo a los roles el
quehacer humano en tanto normalidad-anormalidad; lo que existía por fuera de
esto, era necesario ajustarlo y no existía más que el discurso excluyente para
propiciar reflexiones sobre eso que no podía reprimirse, contenerse y educarse.
Si bien esta visión tenía alcances frente a una herencia biológica innegable,
la generatividad presupondría la adecuación del individuo a una realidad
(preexistente), independiente de su capacidad de elección. En palabras de
Bruner (1990), la herencia biológica del hombre no dirige ó moldea la acción o
la experiencia del hombre, porque no actúa como causa universal. En lugar de
ello, lo que hace es imponer límites sobre la acción, límites cuyos efectos son
modificables; la cultura y no la biología, es entonces, la que confiere
significado a la acción situando sus estados intencionales subyacentes en un
sistema interpretativo (Bruner, 1990, p. 48).
Este
acercamiento, deja entrever, los alcances del modelo, es por esta razón que la
psiquiatría por ejemplo, tendría tantas críticas desde Foucault (2000), debido
a los parámetros normalizadores desde las instituciones de poder que restringían
las posibilidades de emergencia de un sujeto autónomo constructor de
realidades. Se concebía un individuo incapaz de asimilarse, por fuera de la
regularidad, asumiendo como propia la tarea de defender a la sociedad de estos
seres que, con su sola existencia, la amenazaban. Es así como el desde su
experticia, era el juez que debía pronunciarse acerca de la peligrosidad de un
determinado sujeto, es decir, debía ser capaz de prever su comportamiento
futuro. ¿Dónde está entonces la posibilidad de la vida? Bajo esta mirada, la
posibilidad es única, la del sujeto que se adhiere. No es gratuito entonces que
ciertos modelos hayan tenido un mayor peso en las instituciones de salud,
educativas, laborales incluso, basados en esta hipótesis de la necesidad imperante
de un individuo sin voz, del cual se esperan ciertos rendimientos a nivel
social.
Las
revoluciones que pretendieron reivindicar al sujeto, los movimientos que desde
lo social, artístico, religioso develaron un sujeto despersonalizado en busca
de la encarnación de lo humano, permitieron aperturas importantes en la nueva
constitución teórico disciplinar de la psicología, con emergencias importantes
en el tema interdisciplinar y posturas epistemológicas novedosas en cuya
co-autoría se encontraba lo humano. Shotter (2001) al respecto manifiesta:
“ (…) en el mundo del construccionismo social el futuro no
sólo tiene que ver con la predicción y el control, sino con la forma en que
quienes están en él intervienen en su producción (…) si he de tener un sentido de pertenencia a
una realidad social, no me bastará entonces con tener simplemente un “lugar” en
ella; también debo ser capaz de desempeñar un papel irrestricto en su
constitución y su conservación como mi propia modalidad de “realidad social”,
no como la “de ellos” sino como mi realidad y la de mi gente, como “nuestra”
realidad (Shotter, 2001, pp. 32).
Con
esta nueva postura, se deja de lado gran parte de la herencia de la ilustración
en la cual se situó la psicología durante un buen tiempo y era su afán de
encontrar verdades predestinadas en el fondo de la mente de los individuos,
generalizables y alcanzadas por los más profundos métodos científicos que
privilegiaban el análisis y rigurosidad en la técnica. Ahora, el llamado de la posmodernidad nos devela un
sujeto del lenguaje, del cual ya no es necesaria la abstracción psicológica de
sus procesos mentales sino que construye realidades y estas categorías le
pertenecen ontológicamente.
La
encarnación del paradigma y la construcción de posibilidades
El esbozo simplemente hace un recorrido abrupto
sobre ciertos modos de entender al individuo que no deben juzgarse bajo
polaridades de bueno – malo sino quizá, más o menos pertinentes en la ecología
de los sistemas implicados en cada momento histórico. Esto sin duda hace parte
del saber que como psicólogos debemos ir conociendo en la trayectoria
profesional; mi asunto ahora es; ¿Hasta qué punto el psicólogo encarna el
paradigma? Cuestión en la que creo ni la academia podrá dar una respuesta
acertada y es porque nuevamente nos cruzamos con el tema de lo humano en lo
cual más allá de co-construir realidades, no tendremos certeza del proceso
individual de cada quien frente a su técnica; hablemos entonces de la
psicología en un ámbito clínico y la responsabilidad con la que se encuentra el
terapeuta, consultor o interventor en los procesos de “ayuda”.
Primero, cabe entonces el polémico tema el
poder, que en la psicología fue situándose en el saber profesional, hoy en día
ha ido orientándose hacia la horizontalidad, entendiendo que por encima de
cualquier saber teórico se encuentra la condición humana y frágil que incluso
nos hace situarnos isomórficos en los contextos de intervención; Estupiñán
(20…) muestra en sus reflexiones que los
terapeutas, en este caso, sistémicos sabemos acerca de la obsesión por el poder
que sería el síntoma de una paradoja de impotencia en las relaciones humanas,
en ese orden de ideas la paradoja nos conduce a una posición muy limitada para
transformar nuestros dilemas y conflictos humanos, en lo cual lo que propone el
autor es la necesidad de hablar de una “heurística de la fragilidad” en tanto
que lo que se concibe en términos de vulnerabilidad ó fragilidad, permita crear
como sujetos activos y constructores de mundos de sentido para vivirnos en
ellos, atendiendo siempre a evaluar esa postura frente al poder que
circunscribe los círculos humanos. Ese aporte que realiza desde la humildad que
nos es dada en la condición humana con la postura de fragilidad permite
explicitar la influencia que como psicoterapeutas tenemos y reconocerla en
otros (Estupiñán, 2005).
Por esa misma línea, Cecchin y Colaboradores
(2002), complementan la reflexión sobre el tema del poder en el contexto desde
una noción que denominan irreverencia entendiendo que como terapeutas
sistémicos estamos enmarcados a cierta epistemología desde la técnica
particular que escogemos, pero que sin embargo en algunos momentos puede
limitar la generatividad en el contexto. Los autores parten de las preguntas ¿Cómo puede el terapeuta familiar recuperar
parte de su iniciativa sin caer en el desfasado modelo basado en la ilusión de
poder y control? y ¿Puede uno adoptar
una posición irreverente sin volverse un fanático de las estrategias o de la
ausencia de estrategias?, ¿Cómo entrenarse para abandonar cualquier relato en
cuanto deje de tener utilidad? (Cecchin y Colaboradores, 2002, pps. 25-26).
Muestran entonces la irreverencia como la capacidad de criticar la propia forma
de ver las cosas, es decir, el reconocer el origen de la frustración cuando el
armazón conceptual y estratégico no tiene lugar en la terapia y reconsiderar la
propia teoría. El dominio técnico que consolidaron a partir de su investigación
desde la intervención, alude a que en medio de la construcción del contexto y
el respeto por el bienestar del consultante es fundamental emplear el relato
más apropiado al contexto del cliente, no obstante esto implica la
responsabilidad sobre las elecciones que se realicen para la intervención.
Lo anterior entonces permite reconocer las
dinámicas bucleanas en medio de la intervención y la construcción de contextos
de ayuda, enmarcados de entrada en la noción de bienestar co-construido
deontológicamente asumiendo todos los actores involucrados el ejercicio de su
autonomía y generatividad.
El tema del poder
entonces habla de la interacción entre lo conceptual y lo sensible, donde
ninguno de los dos saberes puede considerarse superior en la comprensión de los
fenómenos a los cuales nos vemos enfrentados como seres humanos, quizá el
pensamiento viene habituado a ciertas lógicas para operar en lo explicativo e
interventivo que no siempre podrían ir de la mano de los procesos en los cuales
el cambio se hace posible; inducción y deducción limitan el movimiento natural
de lo humano, de lo azaroso, ininteligible e impredecible; por esta razón, la
disciplina hoy podría evaluar nuevos horizontes que permitan la articulación
entre lo racional, lo sensible, la premisa lógica y la duda en un todo que se
conecte con la realidad vivida de los seres humanos e incluya en la generación
de los diálogos todas las voces que sean necesarias e importantes para vincular
un proceso de cambio y una realidad de sentido.
La curiosidad como terapeuta no
puede ser invasiva, debe propender por la novedad; lo distinto, decir cosas que
trasciendan los razonamientos deductivos o inductivos con los cuales nos enseñó
el tradicional método científico a pensar; la abducción, camino emergente en
este sentido, hablaría de un proceso racional pero a la
vez emotivo, inherente a la duda e innovación presente en el ser humano y desde
allí se ha relacionado con la heurística por la capacidad de crear e incorporar
nuevas ideas.
Aliseda (1998) frente a la relación entre abducción y
epistemología argumenta:
“El proceso cognitivo que integra a la inferencia abductiva
con el proceso epistémico puede describirse como sigue: una experiencia
novedosa o anómala da lugar a un hecho
sorprendente, el cual genera un estado de duda que rompe un hábito de
creencia y así dispara el razonamiento
abductivo” (Aliseda, 1998. p.5).
Por su parte
Santaella (2000) afirma que;
Abduction refers to the creative act of raising
an explicative hypothesis. It is the type of reasoning through which creativity
manifests itself not only in science and in art but also in everyday life. When
we are confronted with something that surprises us, abduction is the process
through which a hypothesis or conjecture appears as a possible answer to that
surprising fact (Santaella, 2000. p. 1).
Estas definiciones sitúan en un nuevo marco
de posibilidades al individuo, con este tipo de razonamiento, que implica la
emergencia de la duda y la creación en los procesos lógicos del pensamiento. La
abducción está en el lugar de la generación
de hipótesis y teorías que parte no sólo del conocimiento científico, sino de
la experiencia de quien vive el fenómeno. Es decir que vincula la racionalidad
con la sensibilidad y atribuye características particulares en cada manera de
razonar lógicamente sobre la realidad; su pretensión no es universalizar o
particularizar lo vivido sino generar teorías a partir de los hechos y el modo
en que se vivencian. En palabras de Castañeres (1994, aparece en Nubiola, 1998)
La
abducción concede al sujeto un máximum de libertad para
explicar verosímilmente lo inexplicable" (Castañares 1994: 153-154). Es
alguna forma de sentir que la realidad puede hacerse aprehensible desde la
lógica y la articulación de lo racional con lo emotivo. De ahí que la humildad, la apertura emocional,
la creatividad y la resonancia sean las herramientas que como terapeutas y como
personas debemos poner en juego en el escenario terapéutico.
La heurística entendida como el proceso en el cual se
genera la novedad, se apoya en dos campos fundamentales: de un lado, la
plausibilidad y el desarrollo de las lógicas no clásicas, y de otro, el estudio
de los sistemas complejos adaptativos, conocido como las ciencias de la
complejidad (Maldonado, s.f). Esta posibilidad conectado con la abducción, nos
permite comprender cómo los relatos emergentes en relación a las
actualizaciones del self, pueden no responder a las lógicas tradicionales y
cómo también los escenarios psicoterapéuticos pueden incorporar la novedad, es
decir, en la base de la heurística, ulteriormente, se encuentra el tema y el
problema mismo de la vida, así: ¿cómo cuidar y hacer posible la vida? ¿Cómo
desarrollar acciones, teorías y métodos novedosos que hagan posible la vida, y
cada vez más posible? Estas consideraciones no son exageradas. En efecto, de
acuerdo con Leclercq, la heurística “es una de las manifestaciones de la vida
que se opone al incremento de la
entropía” (1988: 5) (Maldonado, s.f. p.13).
La asunción de la novedad convoca entonces nuestra
disposición como terapeutas y qué tanto podemos relacionarnos con la incertidumbre,
el azar y las lógicas discontinuas que tendrían que ver con lo humano más que
con une emergencia que se nos escape de las predicciones de la técnica. En este
sentido, el trabajo con la heurística está marcado por incertidumbre, sinergia,
no-linealidad.
Es importante observar que una ventaja considerable que
presentan las heurísticas respecto a las técnicas que buscan soluciones exactas
es que, por lo general, permiten una mayor flexibilidad para el manejo de las
características del problema. Así, el tema que surge ante la mirada reflexiva
es el de las correspondencias entre flexibilidad y robustez. (Maldonado, s.f, pp.23).
La técnica ha augurado seguridad en el ejercicio
interventivo, sin embargo es importante ser flexibles en las comprensiones y
posibilidades que se construyen en los escenarios terapéuticos y ampliamente en
los escenarios de consultoría, asesoría en procesos de tipo social,
comunitario, organizacional, entre otros; reificando la noción de individuo
autónomo, constructor de realidades y la de profesional enmarcado en los mismos
cuestionamientos de auto-actualización.
El lugar del saber y lo humano
como fundante de la práctica profesional
Para
finalizar y a propósito de las modalidades explicativas en las que decidamos
situar nuestro quehacer profesional, vale la pena realizar las preguntas que Gergen
(1996) hacía frente al discurso y es conocer quién es perjudicado, quién gana,
qué actividades se facilitan y cuáles son impedidas en cada modo discursivo; de
aquí que esto definirá la apuesta paradigmática del investigador quien
partiendo de las voces que convoque mostrará una particular adhesión a una
corriente de pensamiento y eso ampliará el espectro de su ejercicio
interventivo y la forma de concebir al ser humano. De nuevo acá tendrá la
posibilidad de ser generativo frente a la vida ó limitar la misma.
De
cualquier manera la intención no es caer en el relativismo entendiendo que una
comunidad científica debe llegar a acuerdos sobre lo que existe y las acciones
apropiadas y reconociendo que el lenguaje científico sirve como dispositivo
pragmático que puede favorecer o no ciertas formas de actividad (Gergen, 1996).
Ahora se entiende como parte de un todo hologramático y se encuentra en la
investigación la necesidad recurrente de realizar redefiniciones frente a los
fenómenos y las comprensiones que aparentemente se cristalizan en la medida que
el profesional va sintiéndose “cómodo” con la técnica. Si es de la mano con la
perspectiva construccionista debemos favorecer fuertes inversiones en la
crítica interna, donde los instrumentos y metodologías con las que nos
acercamos a la realidad sean puestos en duda sobre su pertinencia contextual e
integradora de distintas disciplinas, así lo que estaríamos desafiando no son
las construcciones teóricas de las disciplinas sino las nociones de sujetos
fijos y universales.
Gergen
(1996) plantea una premisa inspiradora referente a la investigación activa la
cual en su modo transformativo no debe documentar patrones existentes de vida
social, sino debe dar vida a las posibilidades de nuevos modos de acción. La
investigación agrega imágenes significativas a las nuevas posibilidades.
(Gergen, 1996. p. 177).
Investigación
e intervención no pueden desligarse pues de allí se garantizan las novedades recursivas
de un paradigma en torno a las realidades dinámicas en las cuales vivimos, el
chequeo constante en lo humano del terapeuta garantizará sin duda un
reconocimiento de su fragilidad y la posibilidad de ser sensible con el otro y
favorecer diálogos colaborativos que propendan por el cambio.
Los actores sociales que emergemos en el plano psicoterapéutico estamos
en actualización, permeados por los discursos socio-políticos de nuestra época
particular, en esa medida el modelo explicativo frente a nuestra existencia
debe constituirse como una posibilidad de sentido en términos de construcción
que nos acerque a modos de vida que garanticen nuestro bienestar, independiente
de los constructos sociales que lo enmarquen, sino un bien-estar consigo mismos
que nos posicione como escultores de nuestra obra de arte que es la propia
vida.
Referencias
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“Las palabras y las cosas” trad. Elsa
Cecilia Frost. México.: Siglo XXI Editores.
Gergen, K. “La
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(2005). “Entre el estilo y el método: el estatuto de la narrativa en la
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Maldonado,
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Publicado en: Estética, ciencia y tecnología. Creaciones electrónicas y
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Universidad Javeriana; coautor; capítulo: “Heurística y producción de
conocimiento nuevo en la perspectiva CTS”, págs. 98-127.
Nubiola, J. (1998). Walker Percy y Charles S. Peirce: Abducción
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Analogía Filosófica, pp. 87-96.
Santaella,
L. (2000). Abduction and the limits of formalization. São Paulo - SP – Brazil.: Centro de Estudos Peirceanos
Watzlawick,
P. (1992). La coleta del Barón de
Münchhausen: Psicoterapia y Realidad. Barcelona.: Herder.
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