martes, 1 de mayo de 2012

CONVERGENCIA DE LO SENSIBLE Y LA TÉCNICA EN LA CONSTRUCCIÓN DEL CAMBIO


Resumen
El presente artículo se propone reflexionar sobre el modo en que la psicología puede brindar posibilidades desde la investigación e intervención en la generación o destrucción de la vida. Las ideas surgen a partir del modo como la disciplina se ha posicionado y las distintas escuelas de pensamiento en sus lenguajes particulares permiten la emergencia de nuevos individuos capaces de generar novedades adaptativas para construir realidades generadoras de bienestar y autonomía. ¿Qué es lo que comprende hoy la psicología como objeto de estudio, más allá de la teleología de la intervención? ¿Cómo es que el psicólogo se posiciona no sólo desde una techné particular sino desde una disposición como humano para intervenir y co-construir el cambio? ¿Qué papel desempeña la heurística y el razonamiento abductivo en estos nuevos modos de concebir lo humano y posicionarse desde el saber profesional? Estos son algunos de los cuestionamientos que suscita el artículo al concebirnos desde el paradigma de la complejidad y los discursos actuales que se tejen en la inter y transdisciplinariedad.
Palabras clave: Complejidad, ecología, abducción, construccionismo.

Summary
This article aims to give some elements to reflect on how psychology can provide opportunities from research and intervention in the creation or destruction of life. Ideas come from the way the discipline has positioned and how the different schools of thought in their particular languages ​​allow the emergence of new individuals capable of generating adaptive to build new generating realities of welfare and autonomy. What is it that today includes psychology as an object of study, beyond the teleology of the intervention? How is it that the psychologist is positioned not only from a particular techne but from a provision as a human to intervene and co-construct the change? What is the role of heuristics and abductive reasoning in these new ways of understanding the human and the position from the professional knowledge? These are some of the questions raised by the article to conceive from the paradigm of the complexity and present speeches that are woven into the inter-and transdisciplinarity.
Keywords: Complexity, ecology, abduction, constructionism.

Introducción
La fundación de la psicología como disciplina, ha transitado por los modos particulares de concebir al individuo ordenado en lógicas contextuales, devenires políticos, sociales, económicos, artísticos, religiosos; que de una u otra manera han generado la transmutación del individuo y cada día la desventaja de las lógicas conceptuales que se supone permitían comprender e intervenir al objeto de estudio. Ha sido claro cómo las rupturas paradigmáticas han renovado nuestra ciencia, pero cómo también el ejercicio profesional de la psicología sigue siendo inestable y continúa reticente desde algunos enfoques a abordar lo que las palabras no alcanzan a explicar, parece que de alguna manera se realizara una escisión entre el saber teórico y nuestra condición pues casi que es el discurso conceptual el que impone los límites de lo que los fenómenos humanos pueden hablarnos, quizá sería válido preguntarse  ¿Cómo lograr ser humanos con y a pesar de la psicología?. El interés irreverente de la pregunta sin duda pone a la ciencia psicológica en un cuestionamiento fundamental sobre sus posibilidades de generar o destruir la vida, más específicamente, al hombre. El mundo en el que nos desenvolvemos invita a que estas reflexiones sean menesteres de quehacer profesional, hay un gran número de profesiones que pretenden dar solución a un amplio espectro de fenómenos en los cuales el hombre actúa como punto de partida y encuentro de los mismos, de allí que la presente reflexión se sitúe en la pregunta de ¿Cómo la psicología puede construir posibilidades ó destruir la vida humana?, lo anterior conectando de nuevo la idea de los alcances explicativos de nuestras teorías que bien podrían ser sólo referentes que jamás lograrán tener todo el territorio de lo humano.

Los modelos explicativos en la constitución de lo humano
Los modelos explicativos construidos desde distintas bases epistemológicas, se han encontrado con el obstáculo de devenir generales posicionando un saber ante ciertas realidades construidas y vividas por el hombre, Shotter (2001) manifiesta al respecto:

El obstáculo de los enfoques “científico – naturales” reside en que al afirmar que ofrecen teorías generales, pretenden antes de tiempo ser capaces de hablar correctamente en las discusiones en nombre de todos aquellos a los que estudian. Pero al hacerlo, los silencian. Les niegan la voz, la oportunidad de hablar sobre la naturaleza de sus propias circunstancias singulares. Les niegan la ciudadanía en su sociedad. Para que eso cambie, lo que se necesita, según parece, es dar forma a algo que en la actualidad no existe: una nueva sociedad civil, toda una “ecología social” de regiones y momentos interdependientes de la vida social, en cuyo seno quienes realmente están implicados, puedan explorar, analizar y debatir caminos posibles que conduzcan hacia el futuro (Shotter, 2001, pp 31).

Este tipo de ciudadanía del cual nos habla al autor daría cuenta en un primer momento de la voz silenciada del individuo, objeto de estudio de la psicología, y saberes correspondientes a fines contextuales en cada periodo histórico, así si bien los modelos muestran evoluciones paradigmáticas que han abierto el camino a nuevas posibilidades discursivas, no se sabe hasta que punto se establecen diálogos colaborativos para comprender e intervenir ante los dilemas humanos. Como autores esclarecemos teorías psicológicas que nos permiten explicar y reducir los fenómenos a los alcances explicativos de nuestros lenguajes, el tema es que no necesariamente lo humano ha estado como coautor en dichas invenciones o no por lo menos hemos dejado que ese asunto de lo sensible, se revele en los intersticios de la técnica.

El horizonte disciplinar no limita las emergencias y novedades que pueda ir adquiriendo en conversaciones recursivas con otros saberes donde su trascendencia estará dada por la capacidad de posicionarse generativo ante el ser humano, de tal suerte que cada paradigma es sólo un modo metafórico para conocer y co-construir con el objeto de estudio. Al realizar la lectura histórica se observa cómo las teorías habituales de investigación devenían causales bajo nociones científicas que implicaban la ruptura del observador con el fenómeno en tanto debían conservarse y evidenciarse los principios inherentes a toda realidad que explicaran acertadamente, sin margen de error, lo humano. La modernidad implicó posicionamiento ante el acto de conocer, de las posibilidades de predicción y control; en ese sentido los discursos que se referían a lo humano versaban sobre el control, regulación y si se quiere, alienación para responder a ciertos ánimos unificadores por parte de las instituciones dominantes. Lo anterior respondiendo básicamente a que cada época viabilizó la construcción de modelos explicativos en relación a los alcances del contexto, de las nociones de libertad y autonomía que desde lo socio-cultural se tenían del sujeto.

Lo estructural situó su discurso sobre los parámetros biologicistas que implicaban regularidad, normalidad desde la herencia filogenética. Importante aquí los principios de determinación, costumbre, universalidad, regulación que de entrada negaban el papel de la experiencia y confiriendo a los roles el quehacer humano en tanto normalidad-anormalidad; lo que existía por fuera de esto, era necesario ajustarlo y no existía más que el discurso excluyente para propiciar reflexiones sobre eso que no podía reprimirse, contenerse y educarse. Si bien esta visión tenía alcances frente a una herencia biológica innegable, la generatividad presupondría la adecuación del individuo a una realidad (preexistente), independiente de su capacidad de elección. En palabras de Bruner (1990), la herencia biológica del hombre no dirige ó moldea la acción o la experiencia del hombre, porque no actúa como causa universal. En lugar de ello, lo que hace es imponer límites sobre la acción, límites cuyos efectos son modificables; la cultura y no la biología, es entonces, la que confiere significado a la acción situando sus estados intencionales subyacentes en un sistema interpretativo (Bruner, 1990, p. 48).

Este acercamiento, deja entrever, los alcances del modelo, es por esta razón que la psiquiatría por ejemplo, tendría tantas críticas desde Foucault (2000), debido a los parámetros normalizadores desde las instituciones de poder que restringían las posibilidades de emergencia de un sujeto autónomo constructor de realidades. Se concebía un individuo incapaz de asimilarse, por fuera de la regularidad, asumiendo como propia la tarea de defender a la sociedad de estos seres que, con su sola existencia, la amenazaban. Es así como el desde su experticia, era el juez que debía pronunciarse acerca de la peligrosidad de un determinado sujeto, es decir, debía ser capaz de prever su comportamiento futuro. ¿Dónde está entonces la posibilidad de la vida? Bajo esta mirada, la posibilidad es única, la del sujeto que se adhiere. No es gratuito entonces que ciertos modelos hayan tenido un mayor peso en las instituciones de salud, educativas, laborales incluso, basados en esta hipótesis de la necesidad imperante de un individuo sin voz, del cual se esperan ciertos rendimientos a nivel social.  

Las revoluciones que pretendieron reivindicar al sujeto, los movimientos que desde lo social, artístico, religioso develaron un sujeto despersonalizado en busca de la encarnación de lo humano, permitieron aperturas importantes en la nueva constitución teórico disciplinar de la psicología, con emergencias importantes en el tema interdisciplinar y posturas epistemológicas novedosas en cuya co-autoría se encontraba lo humano. Shotter (2001) al respecto manifiesta:

“ (…) en el mundo del construccionismo social el futuro no sólo tiene que ver con la predicción y el control, sino con la forma en que quienes están en él intervienen en su producción (…)  si he de tener un sentido de pertenencia a una realidad social, no me bastará entonces con tener simplemente un “lugar” en ella; también debo ser capaz de desempeñar un papel irrestricto en su constitución y su conservación como mi propia modalidad de “realidad social”, no como la “de ellos” sino como mi realidad y la de mi gente, como “nuestra” realidad (Shotter, 2001, pp. 32).

Con esta nueva postura, se deja de lado gran parte de la herencia de la ilustración en la cual se situó la psicología durante un buen tiempo y era su afán de encontrar verdades predestinadas en el fondo de la mente de los individuos, generalizables y alcanzadas por los más profundos métodos científicos que privilegiaban el análisis y rigurosidad en la técnica. Ahora, el llamado de la posmodernidad nos devela un sujeto del lenguaje, del cual ya no es necesaria la abstracción psicológica de sus procesos mentales sino que construye realidades y estas categorías le pertenecen ontológicamente.

La encarnación del paradigma y la construcción de posibilidades
El esbozo simplemente hace un recorrido abrupto sobre ciertos modos de entender al individuo que no deben juzgarse bajo polaridades de bueno – malo sino quizá, más o menos pertinentes en la ecología de los sistemas implicados en cada momento histórico. Esto sin duda hace parte del saber que como psicólogos debemos ir conociendo en la trayectoria profesional; mi asunto ahora es; ¿Hasta qué punto el psicólogo encarna el paradigma? Cuestión en la que creo ni la academia podrá dar una respuesta acertada y es porque nuevamente nos cruzamos con el tema de lo humano en lo cual más allá de co-construir realidades, no tendremos certeza del proceso individual de cada quien frente a su técnica; hablemos entonces de la psicología en un ámbito clínico y la responsabilidad con la que se encuentra el terapeuta, consultor o interventor en los procesos de “ayuda”.

Primero, cabe entonces el polémico tema el poder, que en la psicología fue situándose en el saber profesional, hoy en día ha ido orientándose hacia la horizontalidad, entendiendo que por encima de cualquier saber teórico se encuentra la condición humana y frágil que incluso nos hace situarnos isomórficos en los contextos de intervención; Estupiñán (20…)  muestra en sus reflexiones que los terapeutas, en este caso, sistémicos sabemos acerca de la obsesión por el poder que sería el síntoma de una paradoja de impotencia en las relaciones humanas, en ese orden de ideas la paradoja nos conduce a una posición muy limitada para transformar nuestros dilemas y conflictos humanos, en lo cual lo que propone el autor es la necesidad de hablar de una “heurística de la fragilidad” en tanto que lo que se concibe en términos de vulnerabilidad ó fragilidad, permita crear como sujetos activos y constructores de mundos de sentido para vivirnos en ellos, atendiendo siempre a evaluar esa postura frente al poder que circunscribe los círculos humanos. Ese aporte que realiza desde la humildad que nos es dada en la condición humana con la postura de fragilidad permite explicitar la influencia que como psicoterapeutas tenemos y reconocerla en otros (Estupiñán, 2005).

Por esa misma línea, Cecchin y Colaboradores (2002), complementan la reflexión sobre el tema del poder en el contexto desde una noción que denominan irreverencia entendiendo que como terapeutas sistémicos estamos enmarcados a cierta epistemología desde la técnica particular que escogemos, pero que sin embargo en algunos momentos puede limitar la generatividad en el contexto. Los autores parten de las preguntas ¿Cómo puede el terapeuta familiar recuperar parte de su iniciativa sin caer en el desfasado modelo basado en la ilusión de poder y control? y  ¿Puede uno adoptar una posición irreverente sin volverse un fanático de las estrategias o de la ausencia de estrategias?, ¿Cómo entrenarse para abandonar cualquier relato en cuanto deje de tener utilidad? (Cecchin y Colaboradores, 2002, pps. 25-26). Muestran entonces la irreverencia como la capacidad de criticar la propia forma de ver las cosas, es decir, el reconocer el origen de la frustración cuando el armazón conceptual y estratégico no tiene lugar en la terapia y reconsiderar la propia teoría. El dominio técnico que consolidaron a partir de su investigación desde la intervención, alude a que en medio de la construcción del contexto y el respeto por el bienestar del consultante es fundamental emplear el relato más apropiado al contexto del cliente, no obstante esto implica la responsabilidad sobre las elecciones que se realicen para la intervención.

Lo anterior entonces permite reconocer las dinámicas bucleanas en medio de la intervención y la construcción de contextos de ayuda, enmarcados de entrada en la noción de bienestar co-construido deontológicamente asumiendo todos los actores involucrados el ejercicio de su autonomía y generatividad.

El tema del poder entonces habla de la interacción entre lo conceptual y lo sensible, donde ninguno de los dos saberes puede considerarse superior en la comprensión de los fenómenos a los cuales nos vemos enfrentados como seres humanos, quizá el pensamiento viene habituado a ciertas lógicas para operar en lo explicativo e interventivo que no siempre podrían ir de la mano de los procesos en los cuales el cambio se hace posible; inducción y deducción limitan el movimiento natural de lo humano, de lo azaroso, ininteligible e impredecible; por esta razón, la disciplina hoy podría evaluar nuevos horizontes que permitan la articulación entre lo racional, lo sensible, la premisa lógica y la duda en un todo que se conecte con la realidad vivida de los seres humanos e incluya en la generación de los diálogos todas las voces que sean necesarias e importantes para vincular un proceso de cambio y una realidad de sentido.

La curiosidad como terapeuta no puede ser invasiva, debe propender por la novedad; lo distinto, decir cosas que trasciendan los razonamientos deductivos o inductivos con los cuales nos enseñó el tradicional método científico a pensar; la abducción, camino emergente en este sentido, hablaría de un proceso racional pero a la vez emotivo, inherente a la duda e innovación presente en el ser humano y desde allí se ha relacionado con la heurística por la capacidad de crear e incorporar nuevas ideas.

Aliseda (1998) frente a la relación entre abducción y epistemología argumenta:
“El proceso cognitivo que integra a la inferencia abductiva con el proceso epistémico puede describirse como sigue: una experiencia novedosa o anómala da lugar a un hecho sorprendente, el cual genera un estado de duda que rompe un hábito de creencia y así dispara el razonamiento abductivo” (Aliseda, 1998. p.5).

Por su parte Santaella (2000) afirma que;
Abduction refers to the creative act of raising an explicative hypothesis. It is the type of reasoning through which creativity manifests itself not only in science and in art but also in everyday life. When we are confronted with something that surprises us, abduction is the process through which a hypothesis or conjecture appears as a possible answer to that surprising fact (Santaella, 2000. p. 1).      

Estas definiciones sitúan en un nuevo marco de posibilidades al individuo, con este tipo de razonamiento, que implica la emergencia de la duda y la creación en los procesos lógicos del pensamiento. La abducción  está en el lugar de la generación de hipótesis y teorías que parte no sólo del conocimiento científico, sino de la experiencia de quien vive el fenómeno. Es decir que vincula la racionalidad con la sensibilidad y atribuye características particulares en cada manera de razonar lógicamente sobre la realidad; su pretensión no es universalizar o particularizar lo vivido sino generar teorías a partir de los hechos y el modo en que se vivencian. En palabras de Castañeres (1994, aparece en Nubiola, 1998) La abducción concede al sujeto un máximum de libertad para explicar verosímilmente lo inexplicable" (Castañares 1994: 153-154). Es alguna forma de sentir que la realidad puede hacerse aprehensible desde la lógica y la articulación de lo racional con lo emotivo. De ahí que la humildad, la apertura emocional, la creatividad y la resonancia sean las herramientas que como terapeutas y como personas debemos poner en juego en el escenario terapéutico.
           
La heurística entendida como el proceso en el cual se genera la novedad, se apoya en dos campos fundamentales: de un lado, la plausibilidad y el desarrollo de las lógicas no clásicas, y de otro, el estudio de los sistemas complejos adaptativos, conocido como las ciencias de la complejidad (Maldonado, s.f). Esta posibilidad conectado con la abducción, nos permite comprender cómo los relatos emergentes en relación a las actualizaciones del self, pueden no responder a las lógicas tradicionales y cómo también los escenarios psicoterapéuticos pueden incorporar la novedad, es decir, en la base de la heurística, ulteriormente, se encuentra el tema y el problema mismo de la vida, así: ¿cómo cuidar y hacer posible la vida? ¿Cómo desarrollar acciones, teorías y métodos novedosos que hagan posible la vida, y cada vez más posible? Estas consideraciones no son exageradas. En efecto, de acuerdo con Leclercq, la heurística “es una de las manifestaciones de la vida que se opone al incremento de la entropía” (1988: 5) (Maldonado, s.f. p.13).

La asunción de la novedad convoca entonces nuestra disposición como terapeutas y qué tanto podemos relacionarnos con la incertidumbre, el azar y las lógicas discontinuas que tendrían que ver con lo humano más que con une emergencia que se nos escape de las predicciones de la técnica. En este sentido, el trabajo con la heurística está marcado por incertidumbre, sinergia, no-linealidad.
Es importante observar que una ventaja considerable que presentan las heurísticas respecto a las técnicas que buscan soluciones exactas es que, por lo general, permiten una mayor flexibilidad para el manejo de las características del problema. Así, el tema que surge ante la mirada reflexiva es el de las correspondencias entre flexibilidad y robustez. (Maldonado, s.f, pp.23).
La técnica ha augurado seguridad en el ejercicio interventivo, sin embargo es importante ser flexibles en las comprensiones y posibilidades que se construyen en los escenarios terapéuticos y ampliamente en los escenarios de consultoría, asesoría en procesos de tipo social, comunitario, organizacional, entre otros; reificando la noción de individuo autónomo, constructor de realidades y la de profesional enmarcado en los mismos cuestionamientos de auto-actualización.

El lugar del saber y lo humano como fundante de la práctica profesional
Para finalizar y a propósito de las modalidades explicativas en las que decidamos situar nuestro quehacer profesional, vale la pena realizar las preguntas que Gergen (1996) hacía frente al discurso y es conocer quién es perjudicado, quién gana, qué actividades se facilitan y cuáles son impedidas en cada modo discursivo; de aquí que esto definirá la apuesta paradigmática del investigador quien partiendo de las voces que convoque mostrará una particular adhesión a una corriente de pensamiento y eso ampliará el espectro de su ejercicio interventivo y la forma de concebir al ser humano. De nuevo acá tendrá la posibilidad de ser generativo frente a la vida ó limitar la misma.

De cualquier manera la intención no es caer en el relativismo entendiendo que una comunidad científica debe llegar a acuerdos sobre lo que existe y las acciones apropiadas y reconociendo que el lenguaje científico sirve como dispositivo pragmático que puede favorecer o no ciertas formas de actividad (Gergen, 1996). Ahora se entiende como parte de un todo hologramático y se encuentra en la investigación la necesidad recurrente de realizar redefiniciones frente a los fenómenos y las comprensiones que aparentemente se cristalizan en la medida que el profesional va sintiéndose “cómodo” con la técnica. Si es de la mano con la perspectiva construccionista debemos favorecer fuertes inversiones en la crítica interna, donde los instrumentos y metodologías con las que nos acercamos a la realidad sean puestos en duda sobre su pertinencia contextual e integradora de distintas disciplinas, así lo que estaríamos desafiando no son las construcciones teóricas de las disciplinas sino las nociones de sujetos fijos y universales.

Gergen (1996) plantea una premisa inspiradora referente a la investigación activa la cual en su modo transformativo no debe documentar patrones existentes de vida social, sino debe dar vida a las posibilidades de nuevos modos de acción. La investigación agrega imágenes significativas a las nuevas posibilidades. (Gergen, 1996. p. 177).

Investigación e intervención no pueden desligarse pues de allí se garantizan las novedades recursivas de un paradigma en torno a las realidades dinámicas en las cuales vivimos, el chequeo constante en lo humano del terapeuta garantizará sin duda un reconocimiento de su fragilidad y la posibilidad de ser sensible con el otro y favorecer diálogos colaborativos que propendan por el cambio.

Los actores sociales que emergemos en el plano psicoterapéutico estamos en actualización, permeados por los discursos socio-políticos de nuestra época particular, en esa medida el modelo explicativo frente a nuestra existencia debe constituirse como una posibilidad de sentido en términos de construcción que nos acerque a modos de vida que garanticen nuestro bienestar, independiente de los constructos sociales que lo enmarquen, sino un bien-estar consigo mismos que nos posicione como escultores de nuestra obra de arte que es la propia vida.

Referencias
Aliseda, A. (1998). La abducción como cambio epistémico: C.S. Peirce y las teorías epistémicas en inteligencia artificial. México.: Analogía, Unam ps 125-144.

Bruner, J. (1990). Actos de Significado: Más allá de la Revolución Cognitiva. Madrid.: Alianza Editorial.

Foucault, M. (1999). Los Anormales. Buenos Aires.: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2001). “Las palabras y las cosas” trad. Elsa Cecilia Frost. México.: Siglo XXI Editores.

Gergen, K. “La construcción social” en Packman, M. (1996). “Construcciones de la experiencia humana”. Barcelona.: Ed. Gedisa.

González, O. y Serna, D. (2005). “Entre el estilo y el método: el estatuto de la narrativa en la comprensión de los universos psico-socio-culturales. En: Diversitas. Perspectivas en psicología, Facultad de Psicología, U. Santo Tomás, vol. 1. Nº 1, pp. 63-78.

Maldonado, C. (s.f) Heurística y producción de conocimiento nuevo. En la perspectiva CTS. Universidad Externado de Colombia.: Publicado en: Estética, ciencia y tecnología. Creaciones electrónicas y numéricas (Hernández, compiladora), Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana; coautor; capítulo: “Heurística y producción de conocimiento nuevo en la perspectiva CTS”, págs. 98-127.

Nubiola, J. (1998). Walker Percy y Charles S. Peirce: Abducción y Lenguaje. México.: Analogía Filosófica, pp. 87-96.

Santaella, L. (2000). Abduction and the limits of formalization. São Paulo - SP – Brazil.: Centro de Estudos Peirceanos

Watzlawick, P. (1992). La coleta del Barón de Münchhausen: Psicoterapia y Realidad. Barcelona.: Herder.

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