martes, 1 de mayo de 2012

EL ARTE DE CONOCER DESDE LA PSICOLOGÍA

Para quien se inicia en psicología y se pregunta por la epistemología.


La razón es el atributo definitorio de la especie humana. ¿Ventaja o Desventaja?. La historia de las ideas, muestra cómo ese continuo explorar, indagar, crear, imaginar, negar; crea mundos posibles a cada instante, y se convierte en la razón principal para la multiplicidad de saberes con los que contamos hoy en día y las explicaciones que tenemos para cada cuestionamiento.

Al pensar en el cerebro como objeto de estudio de la psicología o entender que la mente quizá es la manera en como el cerebro funciona solamente, es imperativo preguntarse si necesariamente cuando se habla del tema de lo psicológico, aludimos entonces a una estructura con condiciones biológicas y fisiológicas solamente? Si además, el dominio de lo humano y nuestra condición diferencial frente al resto de los seres vivos, tendría que ver sólo con el desarrollo por las condiciones de la evolución y la selección natural a la estructura cerebral y todo lo que ella nos permite?

Estas preguntas son las ideas que pretenderé abordar en el siguiente ensayo, teniendo en cuenta las reflexiones sobre Descartes que inauguraron el proyecto de la modernidad y que indudablemente nos remiten a pensar también en el autor desde las condiciones personales que viabilizaron su formulación teórica en virtud de su humanidad ineludible, cómo podríamos pensar una propuesta científica y paradigmática de la psicología en la cual su fundamento epistemológico sea consistente y coherente con la condición humana?

El tema de la evolución desde la teoría darwiniana de la selección natural, hace pensar al filósofo Descartes en que quizá la única condición de evolución que hemos tenido como seres humanos no radica en el acto de la selección con características físicas que garantizaron la supervivencia; supone quizá que en más allá de esto existe una capacidad de razonar ó de inteligencia que pudo estar relacionada con el hecho de subsistir en condiciones poco favorables y ser, desde ese punto de vista, el punto máximo de la evolución. Estos planteamientos ponen entonces a discurrir el tema de desarrollo netamente fisiológico, cerebral y cultural en las posibilidades evolutivas garantes del desarrollo de la condición humana.

Descartes propone entonces una dicotomía entre mente y cuerpo, realizando la escisión entre mundo físico y mental. Esta diferenciación responde sin duda al proyecto moderno que encarnaba un nuevo individuo, menos dogmatizado por las ideas religiosas y más empoderado de las capacidades que su razón le daba para transformar el mundo; que, evidentemente permitieron los avances en materia de ciencia que hasta nuestros días conocemos y utilizamos. Sin embargo, en términos de disciplinas, aún no queda claro cómo es que esta división del mundo físico y material puede tener vías distintas en la comprensión e incluso la responsabilidad en este caso, de una disciplina como la psicología podría estar relacionada con la inconmensurabilidad de los fenómenos mentales que sitúan entonces el problema de no poder entender más que los resultados de las acciones físicas que realizamos en un mundo observable y medible; pero más allá de eso, dónde situamos y cómo entendemos los sentimientos, las construcciones sociales que hacemos de la realidad, el trabajo incesante de la mente que configura lo que somos día tras día?

Esto nos dice que de lo único que podemos obtener información es del comportamiento observable y por otro lado de la introspección que permitiría dar cuenta de ciertos estados mentales a través de procesos de reflexión sobre la propia mente. La apuesta de Descartes en este sentido, daba un estatus mecanicista al cuerpo y a la mente un estatus vinculado a la dimensión suprasensible (herencia de su formación religiosa) que el impedía colocar a la mente y el cuerpo en un mismo lugar, que respondía sólo a características mecanicistas, finalmente se supone que la mente (como factor diferencial) nos situaba en la condición de seres humanos, de otra manera seríamos una máquina un poco más compleja que otras, pero al fin y al cabo con condiciones de contingencia entre causas y efectos operacionales.

El problema al equiparar estos conceptos de mente y cuerpo es que el lugar de la incertidumbre y la decisión se anula, en tanto hablamos de una máquina un poco más compleja, esta es, la mente que gobierna además al cuerpo de una manera inexplicable. Muchas veces entonces la psicología se encuentra estudiando cómo es que opera ese modelo mental que subyace y debe ser predecible para todos al entender lo observable que es el comportamiento humano sobre el cual si estamos en la capacidad de emitir juicios. La crítica entonces sitúa el problema de la disyunción de estos dos dominios al pensar que uno funciona en independencia del otro ó la conjunción al darles un estatus modelizador del cual se supone podríamos dar cuenta en estudios como la biología (para el cuerpo) y la psicología (para lo mental).

Seguramente el pensar en estos términos daría a la psicología límites claros en su objeto de estudio e intervención, sin embargo dadas las características del fenómeno mental y su imposibilidad de acogerse a métodos rigurosos y cuantificables como plantearía el paradigma positivista, ¿Cómo entender entonces el encargo de la psicología si los métodos experimentales no nos permiten dar cuenta del fenómeno en términos de confiabilidad y validez?

Muchos epistemólogos han situado discusiones interesantes sobre los criterios sobre los cuales se han fundado las llamadas ciencias exactas y algunas conclusiones conducen a pensar que los seres humanos inventamos lenguajes para explicar el mundo y al investigar el fenómeno lo único que hacemos es dar respuesta en términos de los mismos lenguajes dentro de un marco lógico de comprensión inventado por nuestra teoría y que no exceda por supuesto los límites de nuestra teoría.  Quizá el hecho de que la psicología se haya ocupado de los fenómenos psíquicos en esta perspectiva positivista ha limitado sus condiciones de posibilidad, no es gratuito que el estatus epistemológico y de cientificidad de la misma haya sido cuestionado durante años por las llamadas ciencias duras.

En la historia del conocimiento se han cometido bastantes errores, siendo uno de los principales el de carácter metodológico. A partir del Renacimiento, sin necesariamente excluir el periodo predecesor, los avances en ciencia, arte, política, etc; fueron bastantes, pero siempre se reelaboran, según nuevas investigaciones ó tendencias. Esos eventos extraordinarios, que cambian compromisos profesionales, son las llamadas por Thomas Kuhn, las “Revoluciones Científicas”.

El ideal de perfección ha sido casi una constante en el mundo de la ciencia, de ahí la creación de teorías con mayor poder explicativo, que reemplacen ó complementen las anteriores. Nuestro mundo está cimentado sobre paradigmas definidos como patrones o modelos, que son imposibles de aislar en nuestra forma de pensar, de concebir el mundo, de sentir, de actuar. En una ciencia que ha atravesado por tantas revoluciones como la psicología, se evidencia cómo algunas tendencias y directrices han quedado en el plano de lo obsoleto, y por el contrario, otras se ven complementadas, organizadas, por nuevos hallazgos que pasan a ser centro de atención en la investigación psicológica.

Al momento de estudiar un paradigma se debe tener en cuenta la época y las circunstancias en las cuales se desarrolló, basándose en la observación y experimentación. Ese estudio sobre los paradigmas permite al estudiante el ingreso a una comunidad científica, donde llega a comprender que estas revoluciones constituyen un signo de madurez en el desarrollo de cualquier campo científico. La ciencia no necesita estar determinada por reglas ya que no siempre especifican por sí mismas todo lo que tienen en común la práctica de un grupo de especialistas científicos, además si no se diera el cambio de constructo en la ciencia, tal vez no habríamos llegado a descubrir a través de los años, otras posibilidades del conocer, otros modos de intervención (en el caso psicológico), otros modelos explicativos del comportamiento humano.

La utilización de los paradigmas en la psicología no significa que esta se encuentre en una situación de permanente inmadurez. Paradigma, en sentido estricto, es verdad que alude a un compromiso implícito e inequívoco de una comunidad de científicos respecto a un esquema conceptual. En este sentido, en una ciencia madura sólo puede haber un paradigma dominante a la vez, que es compartido por la comunidad y sirve para definir y estructurar las tareas y desafíos de la investigación en esa disciplina. Esto es posible con mayor probabilidad en la física, matemática, etc. El ser humano es diferente y no puede regirse únicamente por un modelo.

Lakatos, reemplaza el término de paradigma por el de «programa de investigación» que implica una sucesión de teorías. Cada teoría implica una nueva y más detallada articulación de los compromisos compartidos. Los paradigmas se pueden ir degenerando, pero también se pueden recuperar con el tiempo. 

El pluralismo teórico favorece el desarrollo de una variedad de estrategias de investigación más que el cierre prematuro de la investigación asentada sobre la existencia de un único paradigma. Por eso aboga por la pluralidad de orientaciones teóricas en forma de eclecticismo disciplinado. Y Feyerabend lo ha dicho aún más claramente, al señalar que sólo se puede ser un buen empirista si se está preparado para trabajar con muchas teorías alternativas, más que con un simple punto de vista analítico. Y esta pluralidad de teorías no se puede interpretar como un estado transicional que será reemplazado, en el futuro, por una única teoría verdadera.

Este pensamiento nos puede conducir a una inseguridad profesional profunda, pero ella se desvanece en la medida que destruimos esa pretensión de verdad objetiva única y nos aventuramos con el fracaso de las reglas existentes a la búsqueda de otras nuevas. Si todo estuviera dado, no tendríamos muchas cosas que hacer ó decir al respecto. El enigma sobre el comportamiento humano aún está vigente, y si bien es cierto que hay muchas evidencias empíricas que dan cuenta de éste, no hay una última palabra, ni una teoría que lo 
abarque todo. La complejidad no puede ser reducida a una regla, por eso la necesidad de las revoluciones científicas.

 Al ser conscientes de esto, no debemos caer en el error de concebir la ciencia como lineal y acumulativa. Tampoco podemos creer que todo obedece a un orden teleológico y que la ciencia posee esa visión evolutiva para tener cada día una mejor humanidad. Reconozcamos el cambio de paradigmas como una oportunidad de movilizar el pensamiento y de poder, ser partícipes en todo momento, de la construcción de nuestra realidad. 

¿Cómo se valida o invalida cualquiera de estos saberes?; nuestro concepto de mundo ha sido construido por los seres humanos, nunca se ha dado la historia de un lineamiento general sobre el cual podemos partir y hacer inferencias, o crear teorías; todo, absolutamente todo ha sido creado por nosotros, en ese orden de ideas se hace imposible abogar por la veracidad de los paradigmas que en determinado momento rigen la ciencia. En ocasiones, no encuentro un fundamento veraz para considerar el grado en que un conocimiento resulta cierto; Gorgias planteaba que nada existía en realidad, luego, si algo existe no se puede conocer. ¿Cuál sería el papel de la epistemología frente a esa definición del saber y la relación entre el sujeto que conoce y el objeto conocido, teniendo en cuenta que cada individuo puede llegar a ser el juez de su propia experiencia?

En cualquier disciplina, afortunadamente se cuenta con múltiples visiones que determinan la complejidad del objeto de estudio, cada ser se ve influido por su personalidad en la adopción o reticencia a cualquier modelo explicativo; Polany hablaba de que “todo conocimiento es un conocimiento personal”, Merleau Ponty lo expresaba en su frase famosa “estamos condenados al significado”,  es confuso llegar a considerar que en las disciplinas puede darse una relación lineal y objetiva con el objeto de estudio, por esto el campo de la hermenéutica abre nuevas posibilidades. Lo que la mayoría de las personas consideran un simple dato es de hecho un proceso muy elaborado. Nada se nos da directamente, sólo se llega a la percepción tras muchos pasos, que entrañan la interacción entre los estímulos que llegan a los sentidos, el aparato interpretativo y la estructura del cerebro.

¿Qué tanto tienen en cuenta las disciplinas a su objeto de estudio frente a esta realidad  ineludible?. La psicología, ciencia del comportamiento se ha visto enriquecida, contradicha, falseada por los continuos pensadores e investigadores que han realizado sus aportes a este campo. Generalmente las teorías se han realizado en condiciones socio-históricas determinadas donde la aplicabilidad de esos postulados era más probable. En ocasiones la fundamentación teórica de la psicología se ve como una vida con muchos significantes desprovistos de sentido y disfuncionales para el sujeto.  Kuhn planteaba que “la existencia de un paradigma científico no es incompatible con la existencia de nuevos paradigmas; los cambios de comprensión están determinados por los contextos históricos”. Nuestro mundo actual es cambiante, y cualquier tipo de investigación puede ser casi obsoleta de repente; nuestra disciplina requiere una actualización constante, una reelaboración de los modelos explicativos y de las formas de intervención. Si bien es cierto que los movimientos contemporáneos y las reflexiones filosóficas de la época están dirigidos a la crítica de la sociedad, a lo que han hecho los aparatos ideológicos que nos atraviesan y determinan nuestros modos de vida y a la supuesta noción de progreso, es pertinente adecuar los métodos actuales a las necesidades y medios del momento. Nuestra sociedad cree haber perdido las esperanzas sobre todo porque dilucida la destrucción inminente del mundo; el retorno a lo esencial, a ese espacio donde el potencial humano se dirigía a la contemplación y no a la destrucción. Planteamientos que valdría la pena preguntarse si no están en el plano de lo mágico y lo utópico.

El campo de la epistemología es un campo de indagación interdisciplinaria, en la medida que se alternan distintas visiones desde las múltiples disyuntivas del sujeto; no existen unos criterios universales o principios fijos para evaluar la validez del conocimiento humano, pero si en vez de usar un solo par de gafas para juzgar y evaluar el mundo, los cambiamos con otros pares que enriquezcan el conocimiento y complementen en la mayor medida posible esas conclusiones, la validez y confiabilidad se hará viable y nuestras bases teóricas permitirán una aproximación a más generativa frente a los seres humanos.   

El revisar entonces continuamente las nuevas formas de comprensión de lo humano, no sólo desde la psicología, sino en la posibilidad de establecer diálogos inter y transdisciplinares con otras ciencias, permitirán un avance de la psicología con un carácter de complejidad, contextualidad y recursividad paradigmática.

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