martes, 1 de mayo de 2012

LOS DILEMAS ÉTICOS Y DE RESPONSABILIDAD EN LA CONCEPCIÓN DE FELICIDAD COMO UN ASUNTO RELACIONAL.


La idea de felicidad merece, por todo lo que puede representar en sí al ser pronunciada, una reflexión no muy ligera pero tampoco muy profunda que le muestre inalcanzable, quizá más experiencial, más inteligible para nosotros como seres humanos que nos movemos alrededor de la búsqueda de mejores posibilidades de vivir la vida.

La primera imagen mental que viene a mí es la de Will Smith en la película en busca de la felicidad, porque creo que de alguna manera nos sitúa emotivamente en una historia cargada de drama, esfuerzo, dolor, alegría y finalmente la realización de un sueño; ese sueño que en la cabeza del protagonista gira en torno a la búsqueda de su felicidad como estado inamovible y único de la existencia; sin embargo me pregunto en este momento si es en realidad la felicidad algo que deba ser “buscado” para ser “encontrado” en los sentidos explícitos de cada término o puede responder esta visión a intereses políticos y económicos particulares que ponen a circular a la felicidad en cierta relación con nosotros como individuos y que como construcción social orienta nuestros modos de vivirnos, pensarnos y sentirnos en el mundo.

Las implicaciones que tiene el hecho de pensar en la felicidad de una u otra forma, más allá de hablar de un estatus en un momento particular de la existencia de un individuo, nos lleva deliberadamente a reflexionar sobre nosotros mismos, la condición humana y la búsqueda del sentido del estar en el mundo. Creo que este asunto puede remontarnos hasta el hecho mismo de la diferenciación que hemos realizado de otros seres vivos con respecto a nosotros, en el cual el estatus de la voluntad y la decisión puede habernos dado cierta condición de superioridad pero que hoy, al revaluar el asunto de la felicidad como una elección entre muchos caminos posibles y entender cómo es que hoy hemos construido este mundo, puede quedar corta cualquier pretensión de verdad que sobre nosotros mismos hallamos pronunciado.

Cómo merece ser pensado hoy el asunto de la felicidad entendiendo qué implicaciones tiene pensarla como una búsqueda quizá individual o conjunta y cuál es el tránsito para poder pensar la felicidad como un asunto relacional que convoca responsablemente y éticamente al ser humano?.

Platón planteaba el ideal de la felicidad ligado a la verdad; dimensión noética del ser humano, en la cual las dos encuentran un punto de relación con el Bien. Aristóteles manifiesta que vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz», poniendo así al descubierto la raíz moral de la felicidad. En este sentido, la felicidad en la antigüedad tenía su condición de posibilidad en una connotación desde la ética relacional que implica ese situarse en una sociedad, pensar con el otro y ser generativo en las acciones; por otro lado los estoicos al contrario pensaban la felicidad como la condición en la que no era necesario depender de nadie, es así una vida autosuficiente. Epicuro pensaba que el placer intelectual y físico siempre debía estar por encima del sufrimiento y eso era felicidad (hedonismo). En contraste, en la filosofía oriental la felicidad se acompaña de una sensación de bienestar proveniente de la armonía interna, pensada como algo duradero y no algo momentáneo como lo ha planteado la filosofía occidental.

El proyecto moderno inaugurado por Descartes que centraba en el intelecto y la razón las posibilidades de invención y existencia del ser humano, nos muestra hasta nuestros días que ese ser humano no ha dejado de innovar, de crear, de reinventarse en formas inimaginables. No es difícil apreciar la herencia cartesiana en todo lo que nos rodea, situémonos todos en algunas experiencias que de inmediato le ubicarán en el siglo XXI;

Los seres humanos hemos expandido los territorios, acortado las distancias con los medios de transporte, no dudemos en reconocer el medio de transporte transmilenio; grandes distancias, poco tiempo en recorridos, un medio de transporte masivo para los ciudadanos; extraña pues ver a las personas irascibles, vulneradas en su condición en tanto se reduce su espacio mínimo vital, aparecen formas de privilegiar a la tercera edad, las mujeres embarazadas y la niñez, que sin embargo parecen un estorbo para la mayoría de las personas que acceden al sistema pues se dificulta reconocerlos a ellos en su condición y ser solidario. Al interior del transmilenio vemos personas con audífonos, cada uno conectado con experiencias musicales diversas, todo tipo de aparatos electrónicos dispuestos a subsumirnos en una realidad musical única e irrepetible, acceso a la información, noticias, chistes, temas de interés en general; a veces si el volumen es elevado es posible escuchar la música del vecino y si éste es un poco más irreverente puede ir cantando. Paralelamente y como somos hábiles en realizar varias tareas al mismo tiempo, nuestros pulgares no se detienen, muchas personas con blackberry en permanente comunicación con sus seres queridos o no queridos, voces de personas sosteniendo una conversación telefónica con alguien en particular, un señor que habla muy fuerte con su esposa, cuelga y llama a su amante y todos podemos acceder a escuchar realidades privilegiadas que en otros tiempos sólo estarían en el plano de la intimidad. Los más intelectuales se exponen a una caída de retina progresiva leyendo algún periódico de distribución gratuita o libro, bueno esto si se cuenta con la fortuna de ir sentado, aunque los más habilidosos pueden leer fotocopias de pie; algunos más sensatos prefieren aprovechar el tiempo para dormir pues las jornadas laborales cada día son más largas y por más que los tiempos de desplazamiento se reduzcan, la clase trabajadora generalmente consigue un empleo a 1 hora ó 1 hora y media de distancia de su casa, lo cual suma a su jornada laboral de 9 horas; 3 horas más en recorridos amenos en transmilenio.


Por fin llega la persona a su casa, lo que hay para hacer es encender el computador personal, no es necesario que comparta con nadie, si usted es una persona moderna debe tener mínimo 2 computadores en su casa u otros medios de entretenimiento que le ayuden a conservar sus espacios individuales, es necesario que actualice su foto de perfil de Facebook en la cual una buena sonrisa, un buen lugar y si es posible estar acompañado es la mejor carta de presentación; active el chat en el Facebook y establezca alguna conversación con otra persona que se encuentra terminando su comida en la cama al lado del computador, siéntase afortunado si ha sido etiquetado en 15 nuevas fotos. Ingrese a twitter, ponga en 140 caracteres opiniones sobre la política, la música, las telenovelas, al tiempo que pone a cargar la nueva película del planeta de los simios para verla mientras se duerme. Nunca antes acceder al arte, el entretenimiento, la cultura y la política había sido tan fácil. Explore una retocada de su foto, no se arriesgue a salir mal porque puede ser motivo de burlas en Facebook, espíe cómo va la vida de esas personas que le causan envidia. Duerma de nuevo de 5 a 7 horas y no olvide recargar su Ipod porque no puede arriesgarse a viajar mañana sin música.

Si todo lo anterior le suena conocido, es claro que usted vive en la misma época que yo y no sé si se lo ha preguntado pero yo si considero que vale la pena hoy preguntar a qué aludimos cuando pensamos en felicidad, ya que lo que encuentro en medio de la anécdota contada satíricamente es sólo el reflejo de un sujeto individualista, inmerso en una sociedad de consumo; pareciera que el mérito de esta época estuviera en tener muchos más elementos tecnológicos que amplían nuestras comunicaciones, pero que, contradictoriamente nos sitúan más en la soledad, en la independencia. Al respecto propondré algunas ideas que dan peso a mi argumento; el filósofo Julián Marías plantea cómo en nuestra sociedad la idea de felicidad se ha cosificado, entendiendo que es algo que puede o no pertenecernos, de algún modo utilitarista; toda vez que en la medida que adquirimos, encontramos una manera de sentirnos mejor con nosotros mismos; sin embargo, podríamos pensar que para la sociedad moderna la visión de felicidad se ha reemplazado por la de bienestar que convoca el siguiente punto que quiero tocar y es el de las políticas neoliberales que tenemos actualmente que hablan de nuestra visión de felicidad.


Gilles Lipovetsky, filósofo francés ofrece en su libro “ La felicidad paradójica” una revisión historicista y crítica de la sociedad de hiperconsumo como la llama él en la cual plantea que Los cuerpos y los sentimientos son las nuevas mercancías de manipulación comercial y publicitaria donde se vende el “fast love” el “buen humor full time” y todas las variaciones del prefijo “auto”, especialmente la autoestima, la autorresponsabilidad (como si fuésemos causa – sui – causa de sí mismo), instrumento privilegiado de sustentación del poder. (pp, 14). No es de sorprendernos entonces que la propuesta del autor hable de un ser humano individualista que en pro de la satisfacción de sus necesidades que ha impuesto el consumo, ha sacrificado su condición de individuo en sociedad que se construye en la relación con otros.

Cuando pensamos en felicidad el imaginario de lucha, batalla para alcanzarla nos pone en una situación de dificultad, de carencia y quizá muchos no quisiéramos estar dispuestos a dar toda la pelea que eso implica, menos si el capitalismo nos asegura bienestar y confort. Es paradójico cómo con los avances en materia de ciencia, educación, productos de consumo masivo, técnicas de purificación espiritual, medicina, entre otros; esto de la felicidad parece sonarnos ajeno. Hoy en la práctica de la cual me ocupo, la psicología en especial la terapia familiar, es un nicho de mercado cada vez más amplio y duele decir que se mercantiliza también con el dolor y sufrimiento humano; pero en eso nos vamos convirtiendo. Cada vez son más las personas que asisten a servicios de psicoterapia; problemas de pareja, infidelidad, insatisfacción sexual, niños hiperactivos, adolescentes rebeldes, abuso sexual, consumo de sustancias, intentos de suicidio, depresión, esquizofrenia, dificultades de aprendizaje, violencia intrafamiliar, anorexia, bulimia, alcoholismo, autoagresiones. Lo curioso es que pese a que se realizan intervenciones de familia con el fin de ampliar las comprensiones, siempre llega un individuo como problema que tiene limitadas sus condiciones de vivir dignamente y construir historias de bienestar. Hoy, cuando el campo para intervenir en la salud mental es más grande, tenemos más profesiones; homeópatas, médicos, psicólogos, trabajadores sociales, educadores, sociólogos, psiquiatras, chamanes, sacerdotes; todos actuando indistintamente construyendo nuevas posibilidades de vida para las personas. Pareciera que cuando en una familia o sistema emerge un problema de este tipo, las posibilidades de ser feliz disminuyeran y es curioso nuevamente, ya que existen toda clase de medicamentos, cirugías, tratamientos que se ponen al servicio del bienestar y comodidad de los seres humanos.

Mercedes Salamano plantea al respecto:

“El cuerpo se considera un material que puede corregirse o transformarse a voluntad, como un objeto totalmente a disposición del sujeto. Las cirugías estéticas, las fecundaciones in vitro o el consumo de psicotrópicos son ejemplos que proponen gestionar los problemas existenciales de esta relación individualista con el cuerpo. Los sujetos pueden elegir su estado de ánimo, controlar sus vivencias cotidianas, ser dueños de las eventualidades emocionales, y para ello, recurren a medicamentos psicotrópicos cuyo consumo no deja de crecer.
A medida que se afirma el principio de soberanía personal sobre el cuerpo, el individuo confía su suerte a la acción de sustancias químicas que modifican sus estados psicológicos desde el exterior, sin análisis ni trabajo subjetivo, ya que solo cuentan la eliminación inmediata de los desajustes (fatiga, insomnio, ansiedad) con la mayor eficacia posible y el deseo de producir estados afectivos “por encargo”.

Dónde está el error? Qué ha sucedido con nosotros? Pareciera que las cosas no salen como pensamos, supondríamos que el progreso es algo teleológico (con un fin determinado), pero lo que vemos es que quizá estamos frente a un retroceso impredecible, no sólo es como nos sentimos en el mundo, es el mundo en sí el que también habla y las catástrofes y condiciones medio ambientales tampoco parecen ir en la dirección correcta. Sin mundo, para qué ciudadanos?

Siendo entonces la cosa algo que me permite tener bienestar y no me pertenece sino que debo adquirirla, cómo nos preguntamos hoy sobre el estado de ser feliz, si es posible y qué convoca. Podría ser que la pregunta por la felicidad no tuviera lugar en la época moderna que vivimos? El esfuerzo actual de las disciplinas se centra en reivindicar al sujeto, a repensarlo en la complejidad que connota el tener una dimensión bio-psico-social como planteó en su época Edgar Morin; sin embargo con lo que no contábamos era con la emergencia capitalista, de control del cuerpo, de ratificación del placer, de hacer posible lo imposible desde toda una maquinaria tecnológica y científica. Muchas de las cosas que vemos están centradas en la individualidad como única búsqueda, hemos olvidado por un momento el carácter relacional de la existencia; desde el momento de nacer nada ha sido posible sin el otro que me constituye. Al entender que como individuo no soy yo, sino me construyo con los otros, esto implica que los límites de mi ser no acaban en mi piel y que en esa medida no sólo soy responsable de “mí mismo” sino de cuidar al otro en la relación.

Al pensar el asunto de felicidad como algo relacional y es que eso que soy yo es construido con los otros, entiendo que eres tú, yo, nosotros inmersos en la construcción de posibilidades donde la felicidad es posible y no hace parte solamente del telón inalcanzable que cobija nuestra vida. Cuál es el riesgo de vincular el dominio ético a la construcción de felicidad? Nótese que no estoy hablando de tintes moralistas que pretendan revestir de concepciones de buenos samaritanos frente a los otros; hablo de una responsabilidad social, ciudadana, política que implica que en la realidad que vivimos no sólo estamos creando esa realidad para nosotros mismos, lo que le da la condición de realidad es el poder construir y vivir con otros esas opciones que podemos crear continuamente.

Cómo pensar hoy el horizonte semántico (lo que culturalmente sabemos, el significado global), semiótico (lo que personalmente significa para nosotros) y  pragmático (lo que en la acción lo permite) del dilema de la felicidad hoy en día. Muchas escuelas de pensamiento tradicional filosófico han situado quizá alguno de los aspectos anteriores, dejando en el plano de la acción, de la emotividad o del bien supremo lo que puede ser la felicidad. Hoy, situados en un nuevo paradigma integrador que atienda a la complejidad de nuestra esencia, es necesario entender los horizontes de significado y el sentido de la acción que se relacionan con la felicidad.

Ahora bien, volviendo a mi imagen inicial de Will Smith y la busca de la felicidad, me parece importante que pensemos quizá en el interés de la sociedad norteamericana de vender a nosotros una imagen de lucha para encontrar ese supuesto de la felicidad; no es dado en vano que muchas veces refiramos el “sueño americano” como la materialización de mejores condiciones de vida que de alguna manera acá pueden no ser realizables; menciono esto con el fin de confrontar cuál ideal de felicidad subyace en esta película y cómo es que el título nos sugiere a una persona que después de mucho buscar, logra encontrar una felicidad no sé si duradera o no; (finalmente cuando las personas son felices en las historias nos terminan la historia); pero sí quisiera que pensáramos la implicación de pensar esta película en términos de la construcción de la felicidad. Si digo hoy construcción es porque esto involucra activamente a una persona en la elección de los caminos posibles que pueden generar historias más saludables de vida para él, la pensaría también como un asunto relacional, es decir, no sólo es un individuo solipsista quien intenta generar para sí mejores condiciones sino que, relacionalmente entran a su vida una serie de personas que cobran sentido y co-construyen con él este nuevo horizonte. Por qué pienso entonces que es importante situar la construcción como un asunto de elección y que convoca la responsabilidad? Porque este modo de pensar puede mostrar que el asunto de ser feliz no se vincula con efectos del azar ó suerte que les sucede a unos pocos, sino que invita a pensar que cada cosa que decido, hago, pienso, genera o destruye posibilidades para construir este mundo posible llamado felicidad. Ahora, con respecto a lo que planteaba del modo en que nos cuenta las historias la sociedad que al encontrar unos protagonistas felices terminan el cuento, no sé si es que no tenemos mucho que decir de la felicidad, no nos interesa verlo en televisión o cine, o sencillamente tenemos que construir nuevas historias y relatos sobre eso que sería vivir la felicidad.

La propuesta que realiza Guillermo Hoyos sobre un nuevo humanismo, ligada a la educación  superior tiene cabida al pensar el asunto de la construcción de la felicidad; “Queremos con la denotación nuevo buscar un humanismo que reconozca el valor de la ciencia, la técnica y la tecnología sin absoluti­zarlas y valore la formación de la persona en un ho­rizonte de trascendencia en el que como creyente o no creyente (Taylor, 2007) sepa comprometerse ética y políticamente con el bien común y con la sociedad como un todo. (Hoyos,
p. 429)

El desafío es entender que nuestra identidad es múltiple, inacabada, que se reinventa en la relación intra e interpersonal. La perspectiva del construccionismo social que considera al sujeto inmerso en una condición ontológica del lenguaje, es decir que somos todo lo que el lenguaje permite crear, vivimos en las realidades que creamos con las palabras y es en la interacción con otros que me constituyo; de alguna manera pone el fin al yo individual y lo traslada al yo relacional; algunos acusan al construccionismo de promover en fin del sujeto. Al respecto  Según Cañón (2007):

El énfasis en el individuo auspiciado por las sociedades modernas, inhibe la posibilidad de comprender la riqueza del intercambio humano, de reconocer la trascendencia y significado del contexto para el sujeto, de advertir la circulación del significado que se construye y deconstruye de manera permanente. La visión individual nos deja ciegos para comprender ese magma saturado que son las relaciones (2007, p. 124).
           
Todas las ideas anteriores nos sitúan en cómo las ideas económicas y políticas que tenemos en la actualidad atraviesan nuestros cuerpos y promueven la formación de cierto tipo de ciudadanos; el impacto tecnológico nuevamente es preocupante frente a la posibilidad de pensarnos relacionalmente; en palabras de Gergen (2006):

“Las mismas grandes tecnologías (la televisión, la radio, la prensa, el teléfono, el video, los ordenadores personales, por ejemplo) que nos permiten sacar provecho de una superabundancia de imágenes, opiniones, acontecimientos, explicaciones, etc., son también las que nos permiten existir agradablemente sin la presencia física de los demás. Estamos, sin duda, relacionados de múltiples maneras, pero estamos también más aislados en términos físicos. Me inquieta mucho esta tendencia, pues tiene efectos profundos en la sociedad. Mi principal preocupación en la actualidad consiste en saber si seremos capaces de emplear estas tecnologías &–y en particular las redes informáticas&– para generar nuevas formas de comunidad (p. 228).

Cómo entonces recobrar la esperanza ante esta época en la que nos vivimos. De alguna manera la felicidad es un estado que alberga esperanza y por la que es necesario construir horizontes pragmáticos donde ese estado sea posible.


Lipovetsky G. (2007), planteaba que pese a que en nuestra época hemos cedido a todos los medios virtuales y de consumo que desbordan nuestras necesidades y ritualizan el culto al yo narcisista, no hemos perdido aún la capacidad de pensar moralmente y tener claras las condiciones de bueno y malo. El ser humano ha encontrado su carta de salvación al conservar su capacidad para reflexionar, pensar críticamente sobre la realidad que existe y le es vendida.

Así, la propuesta podría ser que para ser felices necesitamos no sólo un mundo que no sea un puro obstáculo sino necesitamos recursos favorables, pero sobre todo a las demás personas. En este sentido, dejando de lado el culto a la vanidad y recobrando las interacciones no sólo con otros seres humanos sino con los seres vivientes en general, podremos reconstruir posibilidades generativas para el mundo de hoy. Cada día más personas se empiezan a preocupar por el impacto ambiental, las condiciones de desigualdad, el reciclaje, los fenómenos naturales, el auge de nuevas políticas económicas como el TLC., y eso habla de nosotros, de una condición de humanidad que no se ha perdido, que en el fondo si nos preocupa entender cómo se construyen nuevas sensaciones en el cuerpo relacionadas con el bienestar, la tranquilidad, la armonía; que nos dignifiquen y reinventen al ser humano de este siglo.

Tendrá esta forma de pensar un sentido en esta sociedad? Quiero preguntarme ahora por qué existe la corrupción, las clases menos favorecidas, el abuso, la violencia en general; no tendrá esto que ver con la arrasadora visión individualista? Cómo podremos empezar a construir una nueva forma de comunidad donde ser humano y ser feliz sea viable? Ahora el trabajo continúa para ustedes ¿Cuál forma de pensarnos y pensar al otro puede ser más generativa en pro de la construcción de un proyecto de felicidad en la actualidad; qué nuevos relatos estamos dispuestos a construir en los que retornemos a la dignificación de la condición humana?

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